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Objetos fuera de su tiempo

Oopart (Out of Place Artifact) es la denominación que se la ha dado a decenas de objetos prehistóricos hallados en distintas partes del planeta que, dado su nivel de tecnología, desarticulan completamente la edad estimada mediante estudios físicos, químicos y/o geológicos. Los “oopart” se han convertido en un rompedero de cabeza para los científicos que avalan la teoría de la aparición del hombre hace unos seis millones de años atrás.

La mayoría de los ooparts conocidos consisten en objetos que no pertenecen a la época del yacimiento por ser demasiado modernos. Sin embargo, los métodos de datación revelan que estos objetos modernos son tanto o más antiguos que el lugar donde se encuentran. Cabe aclarar que el método de Carbono 14 no es apto para datar a la mayoría de los ooparts, ya que éstos carecen de material orgánico, sobre el cual trabaja dicho método.

Lo que viene a continuación es un listado de los Ooparts más significativos de la historia, junto a sus correspondientes fotografías.

Esferas metálicas. En Klerksdorp (Sudáfrica) unos mineros empezaron a encontrar entre el “pyrophyllite” centenares de bolitas metálicas con marcas o ranuras de unión. Este pyrophyllite está formado por sedimentos de más de 2.800 millones de años.

Las esferas metálicas fueron halladas en forma paulatina por mineros que trabajaban sobre estratos precámbricos de 2.800 millones de años de antigüedad.

La singularidad de su aspecto externo induce a pensar un origen artificial para los ejemplares que actualmente se exhiben en el Museo de de Klerkdorp, aunque algunos investigadores atribuyen a su forma un origen natural.

Todas las esferas presentan una forma esférica y pulida, con una línea recta rodeando el diámetro mayor, frecuentemente acompañada de dos paralelas distribuidas hacia un lado y hacia el otro de la línea central.

Debido a la aparente contrariedad entre la edad de la capa geológica en las que fueron halladas y el presunto origen moderno de las mismas, muchos especialistas opinan que las esferas pertenecieron a una civilización de tecnología avanzada, extinguida hace más de 2.800 millones de años, cuando la roca que las contenía comenzó a solidificarse.

Los detractores de dicha teoría se inclinan a pensar que las piedras son el producto de nódulos de pirita y goethita de origen metamórfico. No obstante, el tallado de las líneas carece de argumento sostenible tanto por su caprichoso aspecto, como por la dureza del material con que tendrían que haber sido talladas.

Según otros investigadores, como el profesor de geología A. Bissehoff, de la Universidad de Potchefstroom, las esferas pertenecen al aglomerado de la limonita. Sin embargo, los artefactos de Klerksdorp fueron hallados en nichos individuales, al contrario de la disposición con que suelen encontrarse los aglomerados de limonita.

Con similar destino al de otros oopart, el misterioso origen de las esferas de Klerksdorp probablemente permanezca en el olvido eterno, aguardando tras la vitrina de un museo.

Los platillos de Bayan Kara Ula, más conocidos como las piedras de los Dropa o platillos de Dropa. Año 1938, Chi Pu Tei comanda una expedición arqueológica por las heladas montañas Baian-Kara-Ula, frontera entre China y el Tíbet. La expedición se adentra en unas cuevas que al punto se muestran no naturales. Un laberinto de túneles y despensas perfectamente tallados y con la peculiaridad de que las paredes están muy bien cuadradas y cristalizadas, como si en la perforación se hubiesen usado fuentes de calor extremo capaces de fundir la roca. En algunas paredes encuentran antiquísimos pictogramas de la cúpula celeste, el sol, la luna y varias estrellas unidas por líneas, como un mapa de carreteras estelar. Profundizando en las cuevas hayan una serie de enterramientos pulcros y cuidados, en ellos descubren los restos de esqueletos que al primer vistazo se asemejan más a primates que a humanos. Cuerpos menudos y de huesos finos, de apenas 130 centímetros de altura y cabezas desproporcionadamente grandes. Claro está, ante la pulcritud de los enterramientos se descarta que sean primates y piensan que deben ser alguna clase de hombres prehistóricos todavía desconocidos. Continuando con la exploración, entre el viejo polvo del suelo, encuentran un extraño disco de unos treinta centímetros de diámetro con un orificio central de unos dos centímetros. Los discos son de una perfección geométrica total y están grabados con un surco en espiral que comienza en el centro para acabar en la parte exterior. A simple vista, son muy parecidos a los antiguos discos de vinilo, pero más toscos y pesados. Al cabo de unas semanas de exploración, Chi Pu Tei regresa a la universidad de Beijing, de donde es profesor, con la friolera de 716 discos. Allí se descubre que los surcos de los discos son en realidad una serie de pequeños grabados jeroglíficos de difícil lectura y descifrado. De estar datados correctamente y tener 12 milenios, el arqueólogo chino está ante la prueba física más antigua de escritura de la historia. Incluso mucho más antigua que la civilización egipcia.

Chi Pu Tei no consigue descifrar el extraño alfabeto y con el tiempo, estos discos y otros objetos de la expedición quedan catalogados y olvidados en el almacén de la universidad de Beijing, hasta que en 1962, Tsum Um Nui, otro arqueólogo de la universidad los rescata y comienza de nuevo la investigación que le llevará, tiempo atrás, a desencriptar con éxito los jeroglíficos. La tarea fue larga y costosa, muchos de los discos estaban deteriorados y se rompía el código. Lentamente, Tsum Um transcribió al papel, con ayuda de lentes de aumento todos los signos y comenzó a clasificarlos para encontrar las secuencias y los significados de cada uno de ellos. No con todos lo consiguió, pero si con un número suficiente para encontrar el significado de ellos.

Los discos contaban, ni más ni menos, la historia de un pueblo que se autodenominaba “Los Dropa” (de ahí el nombre por el que se los conoce ahora), que había llegado de un lejano planeta y que por una avería en su medio de transporte habían acabado en aquel lugar de las montañas, donde los Ham, antigua tribu que moraba en aquel lugar, los atacaron y mataron a muchos de ellos hasta que consiguieron comunicarse con signos y los dejaron en paz. Los Dropa no consiguieron reparar su nave para regresar a su lugar de origen y se quedaron a vivir en la tierra. De esto ser cierto, el darlo a conocer iba a ser la mayor noticia de la historia. Pero a la universidad le pareció que el estudio de Tsum Um Nui no tenía las garantías suficientes como para ser publicado, pues estaba en juego el honor de la universidad y le prohibió dar a conocer los resultados de su trabajo. Pero unos años después, no se sabe muy bien si con el consentimiento o no de la universidad, el arqueólogo publicó todo su trabajo en “La escritura acanalada concerniente a las naves espaciales que, como se registró en los discos, aterrizaron en la Tierra hace 12.000 años.”

Quizás por lo espectacular o la rotundidad de lo que se había descubierto, la comunidad científica de todo el mundo se rió literalmente de las conclusiones y traducción de los discos por el Dr. Tsum Um, ridiculizando sus teorías.

El ovni de Samaipata (Bolivia). En las inmediaciones del complejo arqueológico de “El Fuerte”, próximo a la pequeña poblacion de Samaipata, fue localizada una roca con el dibujo grabado de lo que para muchos es una clara representación de un clasico “platillo volante” u OVNI. Sus formas tan definidas y concisas han dado lugar al práctico rechazo por parte de los arqueólogos de la autenticidad y antigüedad que en un principio debería atribuírsele. La conclusión por tanto es que “no puede ser real algo tan evidente”. En cualquier caso, la sola existencia de “El Fuerte” constituye para muchos todo un enigma histórico, pues según las leyendas locales narradas a los españoles tras su llegada, este cerro fortificado por los incas fue en tiempos remotos un lugar donde los dioses ascendían a los cielos en “caballos de fuego”.

Las runas de Kensington. Esta losa de forma rectangular de roca de arenisca gris, cubierta con runas sobre sus dos caras, ha sido motivo de amplias disputas entre la comunidad científica después de que fuera encontrada en 1.898 cerca de Kensington, Minnesota (EE.UU) , y en la que todo parece indicar que, exploradores escandinavos alcanzaron Norteamérica en el siglo XIV. Su origen es incierto, y las opiniones son divididas en cuanto a su autenticidad. Si bien el texto deja muy claro cómo un grupo de treinta navegantes procedentes del norte de Europa alcanzó tierras americanas, para algunos especialistas no es más que una simple broma realizada por alguien aficionado a las runas en el pasado siglo XIX. Por el contrario, para los defensores de la presencia europea en tierras americanas mucho antes de la llegada de Cristobal Colón al nuevo continente, es otra de las muchas pruebas existentes que avalarían sus hipótesis.

El Hombre de hierro (Eiserne Mann), datado en el siglo XIII. El pilar metalico es una rareza única en el centro de Europa. Esta estela, antiguo pilar de hierro, se encuentra parcialmente enterrada en el bosque nacional alemán de Naturpark Kottenforst. El pilar, con aspecto de lingote áspero, poroso e irregular, mide cerca de un metro y 20 centímetros en su parte visible. Las medidas del ancho de sus caras varían entre los 21 y los 10 centímetros, promediando los 15 centímetros. A pesar de la humedad del ambiente y de la exposición constante a los elementos de la naturaleza, el pilar no muestra rastros de gran corrosión, óxido ni crecimiento de moho; sólo el ennegrecimiento de herrumbe, por el paso del tiempo, lo que plantea un severo desafío a lo que se conoce hasta ahora en la historia oficial sobre los talentos de la metalurgia y particularmente del hierro. El análisis de la composición material demostró que contiene algunas proporciones de carbón, manganeso, fósforo, silicio y sulfuro.

El anillo Ming. Unos arqueólogos chinos, mientras excavaban en unas tumbas de la dinastía Ming, encontraron un anillo metálico muy similar a los anillos-reloj que se usan hoy en día. Sorprendentemente, en la parte trasera del anillo está grabada la palabra Suiza. Según los arqueólogos, esta tumba estaba completamente sellada desde hace cuatro siglos. Las agujas del reloj marcan las 10:06.

El reloj anillo fue descubierto cuando dos arqueólogos estaban haciendo un documental con dos periodistas de la ciudad de Shangsi.

“Cuando tratamos de quitar la tierra alrededor del ataúd, un pedazo de roca de repente cayó y cuando choco con el suelo hizo un sonido metálico”- dijo Jiang Yanyu, ex curador de la Región Autónoma del museo de Guangxi.

“Recogimos el objeto, y encontramos un anillo. Después de la eliminación de la cobertura del suelo y examinarlo más a fondo, nos quedamos conmocionados de ver que era un reloj”.

La excavación se ha suspendido hasta que se resuelva este misterioso hallazgo.

La Fuente Magna, encontrada en Bolivia. Denominada como la “piedra roseta de las américas”, esta fuente encontrada muy cerca de las orillas del lago Titicaca y considerada inicialmente como una burda falsificación, ha atraido cada vez más la atención de distintos investigadores que en gran número, han defendido su autenticidad. La clave para la polémica estriba principalmente en la presencia de escritos en dos lenguas que absolutamente nada tienen que ver con el punto geográfico de su localización, como son la escritura cuneiforme sumeria y la semítica. Del mismo modo tanto los grabados como el estilo que acompañan a los textos estan en perfecta consonancia con las tradiciones mesopotámicas. Solo falta determinar qué hacían los sumerios en América hace más de 5.000 años.

El artefacto de coso, una piedra arcillosa dentro de la cual se encontró una bujía. Lugar: Montañas Coso, California, el 13 de febrero de 1961.

Tres buscadores de geodas, Wallace Lane, Virginia Maxey y Mike Mikesell, se toparon con el extraño artefacto a 4.300 pies de altura en una de sus exploraciones. Al partir el trozo de arcilla solidificado un objeto similar a una bujía surgió de su interior.

Virginia Maxey afirmó que un geólogo calificado dató al artefacto atrapado en la roca en unos 100.000 a 500.000 años de antigüedad. Las radiografías demostraron que el objeto, en efecto, poseía un grado de tecnología solo clasificable como contemporáneo. Esto indica que el remoto período de fabricación del componente mecánico ya contaba con una tecnología similar a la moderna. Sin embargo, muchos investigadores como Pierre Stromberg y Paul Heinrich, opinan que la bujía pudo haber quedado atrapada en hormigón ferroso formado por la oxidación del objeto.

El vaso de Dorchester, Massachusetts (EE. UU.), datado hace 100.000 años. En 1851, se extrajo un jarrón o tarro de zinc y plata de una roca sólida en Dorchester (Massachusetts). El hallazgo fue publicado en el Scientific American de junio de 1851 (volumen 7, pp. 298-299); se extrajo de roca conglomerado (un tipo de roca sedimentaria) encontrada a 15 pies por debajo de la superficie de Meeting House Hill en Dorchester. El recipiente, de forma acampanada, tenía motivos florales incrustados en plata. El vaso medía 11,3 centímetros de alto, su composición se correspondía a una aleación de zinc y estaba decorado con hojas y plantas recubiertas en plata que, segun muchos botánicos que lo estudiaron, representaban especies vegetales desaparecidas de la Tierra hacia decenas de miles de años. Tras un largo recorrido por numerosos museos el vaso desapareció sin dejar rastro alguno.

El mapa del Creador en Bashkiria, Rusia, 20 millones de años.  La historia de esta Piedra comienza cuando el doctor en ciencias físicas y matemáticas y profesor en la Universidad estatal de Bashkiriev, Alexandre Chuvyrov en compañía de una estudiante de nacionalidad china Huan Hun, decidió estudiar la hipótesis de que la antigua población de China emigrara a las zonas de Siberia y los Urales. A lo largo de sus expediciones en Bashkir, encontraron varios grabados rupestres en chino antiguo que trataban mayoritariamente sobre comercio, bodas y defunciones.

Durante esas investigaciones, encontraron en el archivo del Gobernador General de Ufa notas del siglo XVIII que relataban la existencia, cerca de la aldea de Chandar en la región de Nurimanov, de unas 200 misteriosas tablillas de piedra grabada. Otras fuentes indicaban que en los siglos XVII y XVIII, expediciones de científicos rusos a los Urales habían estudiado esas 200 tablillas blancas que tenían grabados distintos signos y motivos. Había también otras notas que indicaban que a principios del siglo XX, el arqueólogo A. Schmidt también había visto estas tablillas de color blanco en Bashkir.

Alexandre Chuvyrov formó a un equipo de estudiantes para continuar la investigación y en 1998 comenzó su expedición. Después de varias tentativas fracasadas, A. Chuvyrov comenzó a desconfiar y a sospechar que se trataba solamente de una leyenda. Pero su suerte cambió. Un año despues, en el mes de julio de 1999, el ex-presidente del Consejo Agrícola Local, Vladimir Krainov, le comunicó que en su búsqueda de estas piedras, había encontrado una de ellas semienterrada en el patio de una casa.

Incrédulo, el Dr. Chuvyrov, fue a verificar la autenticidad de la piedra. Esta se encontraba situada debajo del pórtico de una casa y era imposible moverla debido a su tamaño y peso: 148 centímetros de alto por 106 centímetros de ancho, y 16 centímetros de espesor, y al menos una tonelada de peso. Una semana más tarde, se inició la extracción de la “piedra” para su posterior estudio. La gran piedra fue transportada a la universidad.

Inesperadamente, ésta contenía un mapa tridimensional. La investigación adicional de un grupo de especialistas chinos y rusos determinó que el mapa mostraba la región de Ural. La estructura geológica de la excavación estaba compuesta de tres niveles: la base, una dolomía gruesa de 14 centímetros; la capa media o segunda capa, contiene la imagen grabada y es de cristal de diopside; y la tercera capa, de 2 milímetros de porcelana de calcio y que supuestamente protege el mapa contra los golpes.

En la tablilla figuran inscripciones verticales jeroglífico-silábicas. En un principio los científicos pensaron que el mapa podía ser la obra de los chinos antiguos por su similitud. Pero después de buscar en diferentes libros y no encontrar ninguna inscripción similar a ésas resultó imposible descifrarlas.

Diferentes radiografías confirmaban que la piedra fue fabricada con instrumentos de precisión, un simple tallador de piedra no hubiera sido capaz de conseguir tal relieve y probablemente la tablilla forme parte de un mosaico formado por otras losas.

El relieve geográfico de Bashkir no ha cambiado mucho en unos millones de años y con la ayuda de especialistas en cartografía, topografía, geología, etc. se consiguió rápidamente identificar el monte de Ufa, su falla, los diferentes ríos de la región de los Urales, la falla de Ufa en Sterlitimak; con lo que se pudo tambien deducir que el mapa está realizado a una escala de 1 cm:1,1 km.

El mapa tambien indica el uso de ingeniería civil al crear un sistema gigante de canales de aproximadamente 12.000 kilómetros de longitud y 500 metros de ancho, y 12 embalses de entre 300 y 500 metros de ancho, 10 km de largo y 3 km de profundidad cada uno.

Estos embalses que alimentaban las diferentes redes de abastecimiento y necesitaron la extracción de por lo menos 1000 metros cúbicos de tierra. Si se compara con el canal existente actualmente del Volga al Don, éste parecería un simple rasguño.

El Dr. Chuvyrov y su equipo pensaban que la edad de la losa era de unos 3000 años. Los análisis realizados con carbono 14 dieron unos resultados erráticos y poco concluyentes. En un análisis más minucioso se descubrió en la piedra la presencia de dos conchas, una de 50 y otra de 120 millones de años de antigüedad; pero nada permite saber si las conchas estaban o no ya fosilizadas en el momento de la creación del mapa.

Las investigaciones realizadas por el Centro de Cartografía Histórica de Wisconsin, propusieron que el mapa únicamente se ha podido elaborar a partir de levantamientos aéreos. Esta investigación sigue en EE.UU. Necesita de un tratamiento informático muy potente y un examen aeroespacial exhaustivo, con la utilización de datos por satélite.

El Dr. Chuvyrov se muestra muy circunspecto en cuanto a los autores del mapa: “No me agrada hablar de OVNIs o extraterrestres. Entonces llamamos al autor del mapa -sencillamente - el Creador“.

Las piedras de Ica, Perú, a cuyos grabados se adjudican más de 12.000 años de antigüedad. Muchos ríos de tinta se han vertido sobre la veracidad de las Piedras de Ica, en Perú, uno de los mayores misterios arqueológicos de la humanidad. Sin entrar en la polémica de los petroglifos, este informe de los enlaces de más abajo arrojan nuevas imágenes y datos de las piedras talladas, nunca vistas hasta la fecha.

El planeador Saqqara, en Egipto, descubierto en una tumba. Esta pieza del Museo Egipcio de El Cairo con el número 6.347 constituye todo un enigma para los expertos en aeronáutica. El Planeador de Saqqara o pájaro de Saqqara es un objeto tallado en madera de sicómoro y hallado en 1891 en la tumba de Pa-di-Imen en la antigua necrópolis egipcia de Saqqara, que se asemeja a un aerodinámico avión en miniatura. Data del 200 a. C. y se encuentra en el museo egipcio de El Cairo. Fue clasificado como objeto de culto por sus descubridores. Mide 15 cm, con una envergadura de 18,30 cm. y pesa 39 gramos. Tiene un pico, agujeros para las plumas, ojos, y fue pintado originalmente para asemejarse a un halcón, con imágenes y tallas que representan las plumas de las alas.

Las lámparas de Dendera, grabado en bajorrelieve en un templo dedicado a la Diosa Hator. A comienzos de los años ochenta, los investigadores Peter Krassa y Reinhard Habeck, dieron la voz de alarma al lanzar una hipótesis revolucionaria basada en la utilización de la energía eléctrica en el antiguo Egipto. Así parecían atestiguarlo numerosos relieves esculpidos sobre las paredes de distintos templos, como los de Edfú, Kom Ombo y Dendera.

Las calaveras de cristal mayas. En el año 1924, Anna Le Guillon Mitchell-Hedges tiene 17 años cuando con su padre adoptivo, el explorador inglés Frederick Albert Mitchell-Hedges, descubre una calavera de cristal de roca en las ruinas de un templo de la ciudad Maya “de las piedras caídas” en Lubaantún, en Belice.

Excepto la ausencia de suturas craneanas, es una reproducción casi perfecta de una supuesta calavera de mujer. Pesa 5 kilos. Se compone de dos partes, con la mandíbula inferior ajustándose perfectamente con la parte superior.

Segura de su autenticidad, Anna acepta confiar la calavera a un equipo de científicos especializados en cristalografía, pertenecientes a la compañía Hewlet-Packard.

Al cabo de 6 meses de pruebas, las conclusiones a las que se llega son :

Está hecha con cuarzo natural sumamente puro, de dióxido de silicio “piezoeléctrico” anisótropo.Las dos partes están talladas en el mismo bloque de cristal de roca.Ninguna huella de instrumento, ni siquiera rastro microscópico.Sin señal de fabricación, resulta imposible fecharla ( el cristal no envejece ).Con una tecnología moderna con diamante haría falta un año de trabajo para conseguir el aspecto exterior ( con huellas de fabricación, lo que no lleva la calavera); en cuanto a los efectos prismáticos, su reproductibilidad resulta aún más dificultosa.La fabricación manual hubiera necesitado 300 años de una labor contínua.

El Pilar Ashoka en India, al menos del 423 a. C. El pilar de casi siete metros de altura y con un peso de más de seis toneladas, fue construido por Atheas Chandragupta II (375-413). Está constituido por 98% de hierro forjado de pura calidad, y es un testimonio del alto nivel de conocimientos alcanzado por los antiguos indios herreros, en la extracción y el procesamiento de hierro. Ha atraído la atención de arqueólogos y metalurgicos ya que ha resistido la corrosión de los últimos 1600 años, a pesar de las difíciles condiciones climáticas.

La batería de Bagdad (2.000 a.C.). Descubierta en 1.936 durante unas excavaciones en los suburbios de Bagdad (Irak). Considerada como un objeto de culto por los arqueólogos durante mucho tiempo, se demostró posteriormente su uso como el de una batería capaz de galvanizar objetos metálicos. Permanece expuesta en el Museo de Bagdad.

El mapa de Piri Reis

El mapa de Piri Reis, hecho por el almirante turco Piri Reis a partir de diversas fuentes. El mapa de Piri Reis es una carta náutica elaborada supuestamente por el almirante otomano Piri Reis en 1513 y publicada en 1523 como parte de su obra “El libro de las materias marinas”. Aunque Piri Reis vivió en un tiempo anterior, se suele decir que dibujó los mapas posteriormente al “descubrimiento de America”. Aunque bien es cierto que la fecha de su creación fue en el mismo siglo de los viajes de Colón, Piri reis se basó en mapas con antigüedad de 1500 años, de la era de Alejandro. Colón y su tripulación bien pudo haber navegado sabiendo perfectamente hacia qué lugar se dirigía utilizando los mapas del otomano, ya que hay ciertos hechos que vinculan a Cristobal Colón con Piri Reis. Por contener aparentes representaciones de tierras entonces desconocidas y a raíz de los propios escritos de Reis indicando que sus fuentes habían sido “los antiguos reyes del mar”, ha suscitado gran interés como enigma y se le suele considerar un oopart. El original se conserva en el Museo Topkapi Sarayi de Estambul pero no suele estar expuesto al público.

El Obelisco inacabado de Asuán, en Egipto, que pesa 1150 toneladas. Cerca de la isla de Sehel, en las cercanías de Assuán, se encuentran las famosas canteras de granito rojo cuyos restos dan cuenta de la industria pétrea que se desarrolló en aquella época. Todos los faraones admiraron la dureza y elegancia de este material que, entre otras cosas, dio origen al sarcófago, las paredes y los techos de la Cámara del Rey, en la Gran Pirámide: también a las columnas del templo de lsis, delante de la Esfinge, y a los grandes obeliscos del templo de Karnac. Innumerables toneladas de piedra fueron arrancadas de la tierra y transportadas por los egipcios desde aquellas canteras hasta los múltiples templos esparcidos a lo largo del Nilo. Pero también dejaron algo, algo tan grande que no pudieron mover. O quizá el famoso Obelisco Inacabado no fue realizado con tal tamaño para ser transportado, sino para dejar constancia de la desconcertante técnica con que fue diseñado.

No se ha hallado nada en él que indique el uso de cinceles o martillos, pues no quedaron restos de escoriaciones. Si se observa de cerca, se aprecian anchos surcos verticales producidos por algo parecido a una pala que modeló sus proporciones. La única explicación posible es que, cuando atacaron la cantera, la piedra estaba blanda.

Tanto en las caras laterales como en la parte superior de este Obelisco Inacabado se aprecian canales, paralelos, de igual tamaño. Se trata de huellas que han permanecido allí desde hace miles de años, pues no se sabe su antigüedad. Se dice que el monolito fue abandonado porque en él apareció una fisura, pero en los últimos exámenes que se han llevado a cabo se ha podido comprobar que tal fisura no existe, sino que en algún momento de la historia alguien quiso cortar la piedra para hacer un obelisco más pequeño. De hecho, se nota la acanaladura dejada por un cincel que se introduce en la piedra regularmente a una profundidad fija de 3 centímetros. Todo parece indicar que los autores se arrepintieron después y dejaron la mole de piedra tal cual.

A pocos metros del monolito, los químicos se entretuvieron en perforar la piedra circularmente, dejando así unos pozos de ignorado significado. En ellos cabe un hombre. Sus paredes, sin restos de golpes, no son rectas, de lo que se deduce que fueron ahuecadas de manera irregular, sin aparente esfuerzo y sin que en la operación interviniera máquina alguna.

Las figuras de Acámbaro, cerca de Guanajuato, México, con supuestas pinturas de dinosaurios. En 1923, Waldemar Julsrud, comerciante de origen alemán, y el padre Fray José María Martínez descubrieron el emplazamiento arqueológico de Chupicuaro, de la época preclásica, que contenía vasos, tazones y figurinas de la cultura india más antigua conocida, llamada con el nombre del sitio, de una antigüedad de hasta 1.000 años antes de J.C. (anterior a los indios Tarascos, la cultura india más antigua conocida en aquella época ).

Este descubrimiento “clásico” no suscitó ninguna polémica en cuanto a su paternidad disputada por un coleccionista rival.

Unos años más tarde, en julio de 1944, Waldemar Julsrud, de 69 años de edad hizo un descubrimiento en Acámbaro, pequeña ciudad mejicana situada a menos de 300 kms al noroeste de Méjico, en la provincia de Guanajuato.

Mientras se paseaba a caballo a lo largo de una zanja cerca de la colina del toro, con uno de sus empleados, un granjero llamado Odilon Tinajero, su atención fue atraída por un trozo de cerámica que salía del suelo. Era una figurina de terracota de un estilo que desconocía.

Mandó a su empleado cavar y llevarle todas las piezas similares que podría encontrar. Unos días más tarde, Tinajero se presentó con una carretilla llena de estos artefactos. Julsrud se quedó estupefacto por el estilo y la diversidad de las figuritas. Hizo un trato con su empleado: él le pagaría 1 peso por cada figurita entera; y nada por las estropeadas que, sin embargo tendría que entregarle ( y que conservó ).

Su objetivo era evitar que su granjero las fabricara ( de todos modos no hubiera tenido suficiente tiempo ni maña y el precio pagado era demasiado bajo ) e incitarle a excavar con mucha precaución.

Las figuritas fueron descubiertas por grupos de entre 20 y 40 en el interior de pozos a una profundidad variable de 1,20  metros hasta 1,80.

No eran pozos funerarios, puesto que sólo se encontraron 6 calaveras durante las excavaciones. Según la hipótesis de Julsrud, parece que habían sido sepultadas deprisa para evitar su saqueo por los primeros colonos españoles.

Más de 33.500 objetos de cerámica (en su mayoría ), piedra, jade y obsidiana fueron encontrados. Todos son únicos, ninguno ha sido duplicado. Su tamaño varía desde unos centímetros hasta menos de un metro. Varios tipos de arcillas fueron utilizados (su examen daría una indicación valiosa de su procedencia ), y todos fueron fabricados por el método del “fuego abierto” (entonces la fabricación de objetos falsificados no habría sido inadvertida por el humo y las grandes cantidades de leña - rara y cara en esta región - necesarias).

A pesar de su gran diversidad, se pueden clasificar, según su estilo, por centenares incluso por millares, como procedentes de culturas diferentes.

La lente de cristal de Heluan. Encontrada en una tumba, hoy permanece en el Museo Británico de Londres. De 5.000 años de antigüedad y que hoy día solo se puede elaborar empleando métodos electroquímicos para hacer oxido de Cesio.

El martillo de Texas. Martillo de hierro con mango de madera encontrado en un estrato geológico del cretacico bajo (140 millones de años) en el año 1.936 en Texas (U.S.A.). Parte del mango de madera se ha convertido en carbón debido a la presión y a la temperatura alcanzados bajo tierra.

El disco de Sabu, en Egipto (Museo del Cairo).   En la primera planta del Museo Egipcio de El Cairo y entre dos salas muy próximas a la Sala de las Momias, uno no puede por menos que pararse sorprendido al ver en una pequeña vitrina, aunque no sin cierta dificultad por los reflejos de la luz sobre el cristal que lo cubre, un objeto solitario parecido a una rueda o disco de piedra.

Este extraño objeto al que nos referimos ha desconcertado y sigue desconcertando a todos los egiptólogos que han tenido ocasión de estudiarlo detenidamente. El primero de ellos fue su descubridor, Brian Walter Emery, uno de los egiptólogos más importantes del Siglo XX, autor de un clásico de la egiptología, Egipto Arcaico, 1.961, que sigue constituyendo, después de muchos años, un claro referente bibliográfico para el estudio y comprensión de los orígenes de la Antigua Civilización Egipcia.

Realizando unas excavaciones en el año 1.936, en la zona arqueológica de Sakkara, fue descubierta la Tumba del Príncipe Sabu, hijo del faraón Adjuib, gobernante de la I Dinastía (3.000 a.C.). Entre los utensilios del ajuar funerario que fueron extraídos, a B. Walter Emery le llamó poderosamente la atención un objeto que definió inicialmente en su informe Las Grandes Tumbas de la I Dinastía como: “…un recipiente con forma de tazón de esquisto…“. Años más tarde, en su obra citada con anterioridad, Egipto Arcaico, hacía un comentario que viene a resumir perfectamente la realidad y situación de este incómodo “cachibache”: “…no se ha conseguido ninguna explicación satisfactoria sobre el curioso diseño de este objeto…“.

Frontal y horizontalmente, este objeto de 5.000 años no deja de recordarnos a una de nuestra modernas piezas empleadas en la industria tecnológica.

Este objeto al que se refería B. Walter Emery en sus informes, tiene 61 centímetros de diámetros, y 10,6 centímetros de altura en la zona central. Está fabricado en esquisto, una roca muy quebradiza y frágil, que requiere un tallado muy laborioso. Su forma se asemeja a la de un plato o volante de coche cóncavo, con una especie de tres cortes o palas curvas que recuerdan a la hélice de un barco, y en el centro de ésta, un orificio con un reborde que sobresale como si fuera el receptor de algún eje de una rueda o de algún otro mecanismo desconocido, dispuesto para girar.

Como bien es sabido por todos, la postura que mantiene la egiptología oficial respecto a la aparición y uso de la rueda por parte de los antiguos egipcios, es muy clara y no deja lugar a ninguna duda. Su introducción en Egipto, nos aseguran, fue debida a la invasión de los Hicsos al final del Imperio Medio, 1.640 a.C., que la utilizaron, entre otras cosas, en sus carros de guerra, y que era conocida también en ese momento por otros muchos pueblos de Oriente Medio. La pregunta entonces es inevitable: si no es una rueda, ¿qué es el extraño objeto que apareció en la Tumba de un príncipe de la I Dinastía, 1.400 años antes de la invasión de los Hicsos?

A pesar de la complejidad de este problema, el tema se agudiza aún más a raíz de los estudios técnicos que diferentes investigadores han llevado acabo, impulsados por el sorprendente y extraño diseño de este artilugio.

La disposición de su diseño indica claramente que algún tipo de eje atravesaba este enigmático objeto por el orificio situado en su zona central.

De hecho, esta rueda de esquisto apareció en la Tumba del Príncipe Sabu, junto con otros extraños objetos de cobre, prácticamente el único metal que conocían los egipcios en aquella época. La duda nos asalta al pensar cómo pudieron diseñar un objeto tan delicado y tan complejo estructuralmente, hace más de 5.000 años.

Una estructura que en el caso de sus tres extraños cortes o palas curvas, nos induce a pensar casi inmediatamente en la utilización de este objeto en un medio líquido. Este detalle, junto al orificio sobresaliente en la parte central, nos hace sospechar también que este objeto sólo sea una pequeña parte de algún mecanismo más complejo, y que se salvó gracias a una reproducción en piedra que por alguna desconocida razón, realizó un artista, con unas no menos desconocidas herramientas.

Pero…, ¿qué mecanismos existían hace 5.000 años en el Valle del Nilo?

Dentro de la típica política de los arqueólogos y egiptólogos oficialistas, este objeto no es más que una bandeja o el pedestal de algún candelabro, con un diseño producto de la “siempre recurrida casualidad”. Sea lo que sea, este objeto encontrado en una tumba de Sakkara con una edad que como mínimo alcanza los 5.000 años, sigue constituyendo uno de los misterios mejor guardados que se pueden encontrar.

El Mecanismo de Anticitera. Podemos contemplarlo en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Descubierto por unos pescadores en el fondo del Mar Egeo en 1.900, presenta un complicado y sofisticado mecanismo de lo que parece ser un reloj astronómico.

(Fuente: carlosmesa.com)

La astronomía sumeria y los extraterrestres

Los sumerios son famosos por los grandes avances culturales que legaron, entre ellos, sus avanzados conocimientos en la astronomía. A su alrededor hay una polémica: ¿desarrollo propio o intervención extraterrestre?

Hace más de 5000 años

Existe una imagen un tanto perturbadora creada por los sumerios hace 5000 años. Como se sabe, los sumerios fueron una de las más antiguas civilizaciones humanas. Se asentaron en la baja Mesopotamia, fueron ávidos observadores de la naturaleza, y los primeros en desarrollar la escritura.

En cuanto a su visión del mundo, coincidieron frecuentemente con la de los egipcios, cuya cultura se desarrollaba no lejos de la suya. Ambas cosmologías imaginaban un mundo estático, donde los elementos predominantes eran el cielo y la tierra, circunvalados por el Sol y la Luna. Dentro de ese mundo, cada pueblo se pensaba como el centro de todo lo conocido, rodeado del caos de lo extranjero.


La astronomía sumeria

Los sumerios, así como los mayas o los egipcios, eran grandes observadores del cielo. La regularidad del movimiento estelar era algo que todos registraban con respeto divino y estudiaban con curiosidad. Sin embargo, la formulación de teorías astronómicas sería algo propio de la ciencia moderna, a pesar de algunas excepciones. En general, la observación de los astros adquiría matices religiosos, o a veces sus anotaciones servían para la temporalización de la vida cotidiana.

Por eso no es de extrañar que los pueblos antiguos registraran muy bien los movimientos de objetos celestes como Júpiter o la Luna, pero que no desarrollaran la idea de que existían planetas rotando alrededor del Sol. Sólo observaban y usaban su sentido común, el cual les hablaba de una Tierra quieta, por cuyo cielo desfilaban estrellas de origen desconocido.

Por eso esta imagen resultó perturbadora para más de uno. En ella, como fondo de una escena, puede verse claramente una estrella con puntas rodeada de pequeñas esferas que rotan alrededor suyo.

Difícilmente haya una imagen más clara de lo que para nosotros es el Sistema Solar. No se aleja demasiado del dibujo que trazaríamos para explicarle rápidamente el sistema heliocéntrico a un niño. Eso no es todo, para algunos investigadores, las esferas parecen coincidir curiosamente en sus proporciones con los tamaños de los nueve planetas de nuestro sistema y sus satélites más importantes.

¿Sería posible que los sumerios hayan desarrollado la teoría heliocéntrica y conocido todos los planetas de nuestro sistema solar? La respuesta es no. Más allá de las limitaciones epistemológicas, las observaciones astronómicas sumerias registraban a los planetas que sólo podemos observar con nuestro ojo, lente incapaz de captar las señales de Neptuno, Urano, y Plutón.

La explicación extraterrestre

A pesar de que esto parece ser una prueba contundente para descartar que la imagen se refiera al Sistema Solar, no faltan los personajes que invocan la intervención extraterrestre en el asunto. Tal es el caso del autor ruso Zecharia Sitchin, quien sostuvo que la imagen fue inspirada por el conocimiento que sólo una raza alienígena podía tener, y que habría estado en contacto directo con los sumerios, quienes habrían transmitido, además, los principios de la agricultura, metalurgia, y escritura.

No es difícil tomar el ejemplo sumerio y usar el sentido común para explicar las cosas. La necesidad de recurrir a factores externos y fantasiosos para explicar un grabado en un sello de piedra es algo totalmente innecesario desde el punto de vista de la lógica (Navaja de Occam), y absurdo desde el sentido común. Sin embargo, la imagen no deja de ser una estrella rodeada de esferas de diferentes tamaños y órbitas, y su verdadera interpretación será por siempre un misterio.

(Fuente: sobrehistoria.com)

El misterio de Tunguska

En Siberia central, el 30 de junio de 1908 se produce una terrible explosión de una potencia estimada ende 20 megatones que desvasta miles de kilómetros cuadrados. Lo inaccesible de la zona y sus escasas comunicaciones dejan como mudos testigos a cientos de miles de árboles arrasados y a unos pocos pobladores que viven en zonas aledañas. El epicentro del misterioso fenómeno, según se comprobará mas tarde, se ubica a 62 grados de latitud norte y 101 grados de longitud este, en el área del río Tunguska, 90 km al norte de la localidad de Vanavara; en un área deshabitada de frondosa vegetación.

La explosión se ha escuchado a mas de 700 kilometros de distancia. La onda expansiva portadora de un fuego devastador ha arrancado de raíz y quemado la inmensa mayoría de los arboles en un radio de 30 a 40 kilómetros. Una densa columan de gases y polvo se habría elevado hasta casi 20 kilómetros de altura. El área total afectada será estimada en cerca de 2.000 kilómetros cuadrados. Los sismógrafos de los observatorios asiáticos de Irkurst y Tifilis (Georgia), entre otros registran el fenómeno que es seguido por una fuerte perturbacion electromagnetica.

Pocas horas mas tarde una extraña luminiscencia a gran altura en los cielos comienza a ser observada desde latitudes muy distantes. En Europa Central, en Gran Bretaña y también en EE.UU. se percibe el fenómeno durante varias noches. No hay explicaciones, sino conjeturas sobre el origen del suceso.

Las noticias se propagan muy lentamente, desestimándose la magnitud y trascendencia de los hechos con lo cual el fenomeno permanecerá ignorado durante años. La zona ademas es casi inaccesible y muy poco poblada. Rusia vive otras urgencias, con la caida del regimen zarista se inician 70 años bajo un ferreo regimen comunista que ademas del aislacionismo alimenta recelos y desconfianza hacia occidente.

En 1927 una revalorización de los testimonios recogidos movilizará a una expedición de la Academia Nacional de Ciencias de la URSS, encabezada por el cientifico Leonid Kulik a la zona, documentando el suceso en fotografías y recogiendo evidencias. El suyo será el primer aporte científico para la dilucidación del suceso que se prolongará en sucesivas expediciones.

En 1930 el astrónomo Whipple, entonces director del Observatorio Geofísico de Kew, en el Reino Unido, logra reconstruir a traves de registros microbariométricos de distintos observatorios del mundo, entre ellos los de Irkutsk y San Petersburgo en Rusia, Copenhague, Berlín y Postdam en Alemania, Zagrev, Greenwich, Jakarta y Washington el recorrido y velocidad de la onda expansiva a lo largo del planeta al momento de los hechos.

En 1938 Leonid Kulik realiza un nuevo relevamiento aerofotográfico de la región pero la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias postergan en Rusia por casi dos década nuevas investigaciones de campo.

A fines de los años 50 se reactualiza la importancia de esclarecer el misterio ya que una de sus hipotesis mas inquietantes es la posible entrada a la atmosfera de un meteorito importante proveniente del espacio exterior.

Testimonios de testigos aseguraban haber percibido el fenómeno a mas de 500 kilometros de distancia, indicando que una objeto de grandes dimensiones surcó los cielos a gran velocidad a primeras hora de la mañana estrellandose. La ausencia de cráter y de fragmentos hace disminuir sin embargo las posibilidades de adjudicar el fenómeno a la caída de un meterorito de gran tamaño. Otra hipotesis sugiere el posible ingreso a la atmosfera de un pequeño cometa desintegrandose entre 10.000 y 15.000 metros de altura en medio de una violenta explosión.

A partir de 1989 Rusia participa de las investigaciones a científicos occidentales multiplicándose asi las expediciones para estudiar el lugar de los hechos y buscar nuevas evidencias.

Durante las ultimas decadas los avances en física y astronomía dan pie a otras hipótesis: el impacto de antimateria y hasta la colisión con un agujero negro de pequeñas dimensiones. En otra direccion el reexamen de testimonios de testigos cercanos que adjudicaban al objeto una apariencia cilíndrica y en algunos casos hasta aparentes correcciones de trayectoria durante su caida llevan a relacionar el suceso con el fenómeno OVNI llegando a sugerirse que ha sido el estallido en la baja atmósfera de una nave propulsada a energia atómica de origen desconocido dadas las similitudes con los efectos producidos en ocasión de los bombardeos atómicos a fines de la Segunda Guerra Mundial, incluyendo las perturbaciones magnéticas.

Casi un siglo despues del enigmatico suceso los científicos no han logrado establecer un consenso definitivo sobre el origen del fenómeno. El misterio continúa.

(Fuente: cuanticas.com)

Por primera vez se consigue cambiar un evento del pasado desde el presente

Aunque ya predicho hace más de una década, hasta ahora nunca se había podido conseguir: cambiar el pasado desde el presente (al menos en el contexto de la física cuántica). El espectacular hallazgo se publica en Nature Physics, y los responsables del mismo son un grupo de físicos del Instituto de Óptica Cuántica de la Universidad de Viena.

La hazaña se ha conseguido aprovechando una extraña capacidad de las partículas subatómicas: el entrelazamiento cuántico, un fenómeno que consiste la “unión íntima” entre dos partículas subatómicas sin importar a qué distancia se encuentren la una de la otra.

Cuando dos partículas están ‘entrelazadas’, cualquier modificación que llevemos a cabo sobre una se reflejará de inmediato en la otra, aunque ésta se encuentre en el otro extremo de la galaxia. Ahora, y por primera vez, un grupo de investigadores ha conseguido entrelazar partículas después de haberlas medido, es decir, a posteriori y en un momento en que alguna de ellas podría haber dejado ya de existir Es decir, que podemos entrelazar las partículas del pasado aunque en el presente una de ellas ya no esté.

Tal y como explica Anton Zellinger, también de la Universidad de Viena y coautor del experimento

“La forma en que entrelazamos las partículas es enviándolas hacia un cristal cuya mitad es un espejo. El cristal, por lo tanto, refleja la mitad de los fotones y deja pasar a la otra mitad. Si tu envías dos fotones, uno a la izquierda y otro a la derecha, cada uno de ellos olvidará de dónde procede. Es decir, perderán sus identidades y ambos quedarán entrelazados. (…) La idea es crear dos pares de partículas, y enviar una a un ordenador y la otra al otro. Entonces, si entrelazamos esas partículas (como en el experimento), los dos ordenadores podrán utilizarlas para intercambiar información.”

Antimateria, “anti” ciencia-ficción?

La nave ‘Enterprise’, dirigida por el capitan Kirk en la ya clásica serie de ciencia ficción Star Trek, se impulsaba gracias a la energía proporcionada por la antimateria presente en el Universo. Es sólo ciencia ficción, porque en la realidad la antimateria es, cuanto menos, difícil de encontrar. Sin embargo, el experimento Alpha del acelerador de partículas del CERN ha conseguido atrapar átomos de antimateria durante más de 1.000 segundos (16 minutos): el tiempo suficiente para empezar a estudiar sus propiedades en detalle. El hallazgo ha sido publicado en la revista ‘Nature Physics’. Hoy en día, vivimos en un universo aparentemente hecho de materia, sin embargo, tras el Big Bang, materia y antimateria existieron casi en cantidades iguales. La naturaleza parece tener una ligera preferencia por la materia, que permite existir a nuestro universo. Una forma de investigar las preferencias de la naturaleza de la materia es comparar los átomos de hidrógeno con sus homólogos de antimateria, y eso es lo que hace que el resultado obtenido en el CERN. Desintegración del antihidrógeno “Podemos mantener los átomos de antihidrógeno atrapados durante 1.000 segundos”, explicó el portavoz de ALPHA Jeffrey Hangst, de la Universidad de Aarhus. “Este es el tiempo suficiente para comenzar a estudiar”, asegura. Durante el experimento, los científicos capturaron 300 antiátomos. La captura de estos antiátomos permitirá mapear con precisión el antihidrógeno utilizando espectroscopia láser o microondas. Esto, además, permitirá que pueda ser comparado con el átomo de hidrógeno, uno de los sistemas más conocidos en la Física. La captura de atiátomos aportará un enfoque complementario para medir la influencia de la gravedad sobre la antimateria. El siguiente paso para Alpha es realizar las mediciones del antihidrógeno atrapado, y esto debe ponerse en marcha a finales de este año. “Si usted choca los átomos de antihidrógeno atrapados con la frecuencia correcta de microondas, se escaparán de la trampa y podemos detectar su aniquilación”, explicó Hangst. “Esto daría a la primera mirada al interior de la estructura de antihidrógeno. El elemento número uno en la tabla antiperiódica”. Estaremos cada vez mas cerca de conocer nuevos horizontes jamas vistos?

Los Dogon y el misterio de Sirio

Una etnia relativamente primitiva del África occidental parece poseer dentro de su sabiduría tradicional conocimientos astronómicos muy precisos sobre el sistema estelar de Sirio, que sólo son factibles de obtener utilizando refinados recursos tecnológicos. Nos referimos, por supuesto, a los Dogon.
Los mitos de este pueblo contendrían referencias claras a la invisible acompañante de Sirio, una enana blanca que fue predicha por la ciencia en 1844 y descubierta en 1862. Aún más, la describirían con detalles tan exactos como sorprendentes, considerándola como muy pequeña y formada por el metal más pesado del mundo, y con un período orbital de 50 años, virtualmente idéntico al calculado por la astronomía occidental.
A primera vista, esto parece imposible. Un conocimiento de esa clase sólo lo pueden haber recibido los Dogon de una civilización científicamente avanzada. ¿Extraterrestre? ¿Atlante? ¿O quizás simplemente de la civilización tecnológica geográficamente más cercana a ellos, la Occidental?

Sobre el supuesto mito Dogon se ha creado segundo mito, adventicio y moderno, que se inició cuando Robert Temple publicó en 1975 su famoso libro “The Sirius Mystery”. Este “mito sobre el mito” involucra la visita de seres extraterrestres a la Tierra en un pasado remoto.

El mito

Un pequeño y remoto pueblo del Sahel, en el África Occidental, puede ser la prueba más consistente de que la Tierra fue visitada en una época remota por seres del espacio exterior.

Se trata de los Dogon, tribu que habita en la actual República de Malí. Los Dogon son poseedores de una mitología tan rica como compleja; sus leyendas contienen conocimientos astronómicos que de ninguna forma pudieron haber obtenido por sí mismos, ni de un eventual contacto con visitantes terrestres. Esto le plantea a la ciencia un enigma que es incapaz de explicar, y que escapa por completo a las soluciones convencionales.

La sabiduría secreta de este pueblo contiene datos precisos y detallados sobre el sistema solar, que en muchos casos sólo han entrado a formar parte del acervo de la astronomía moderna muy recientemente: describen a la Luna como “seca y estéril”, saben que el planeta Júpiter (al que llaman “Dana tolo” tiene cuatro grandes satélites, conocen los anillos de Saturno, y que los planetas describen órbitas elípticas alrededor del Sol. Esta noción de que los cuerpos celestes siguen órbitas elípticas alrededor de un astro principal que se ubica en uno de los focos sólo fue aceptada por la astronomía occidental a partir de Kepler, en el siglo XVII. Además, describen a la Vía Láctea como una galaxia espiral formada por millones de estrellas.

Sin embargo, los conceptos fundamentales de los mitos Dogon no se refieren al sistema solar, sino que giran en torno a Sirio, estrella de primera magnitud situada en la constelación del Can Mayor, a la que conocen como “Sigu tolo”, la “estrella del Sigui” (“tolo” significa “estrella”. Aún más, la brillantísima Sirio es menos importante en la cosmogonía Dogon que su invisible acompañante, Sirio B, una enana blanca que no fue descubierta por la astronomía occidental sino hasta 1862. Los Dogon conocen a Sirio B como “Po tolo”, que se traduciría como “estrella Digitaria”; “po” es el grano de la Digitaria exilis, gramínea conocida popularmente como fonio o acha. El grano de la Digitaria exilis es el más pequeño que conocen los Dogon, y, por extensión, la más pequeña de las cosas.

La magnitud de Sirio B (“Po tolo” es de 8,7, por lo que resulta absolutamente invisible a ojo desnudo; aún más, la separación máxima de Sirio A y B es de apenas 11 minutos de arco (y un observador con visión perfecta apenas puede separar dos puntos luminosos separados por 42 segundos de arco). Para la primera visualización moderna de Sirio B, realizada en 1862 por Alvan Clark, se requirió emplear el mayor telescopio existente para la época. De acuerdo al mito Dogon, esta “estrella Digitaria” o Po tolo tarda 50 años en recorrer su órbita alrededor de Sigu tolo. El cálculo de los astrónomos es, sorprendentemente, de 50,04 años; el error de la estimación de los Dogon respecto a los datos logrados con los más refinados recursos tecnológicos es inferior al 0,08 %. El mito también proporciona otros detalles inquietantes acerca de Po tolo: la describe como blanca y compuesta de “sagala”, un metal muy denso y extremadamente pesado, el más pesado del universo. Ésta es una descripción singularmente adecuada para una enana blanca. Además, afirman que Po tolo rota sobre su eje en un periodo de un año, lo que probablemente es una apreciación correcta. Según los Dogon, Sirio B o Po tolo es la primera estrella creada por Amma y el eje del Universo. Consideran que el Sol y Sirio son dos estrellas gemelas, con un origen común.

Aún hay más: los Dogon conocen también otros componentes del sistema. Describen otra estrella a la que denominan “Emme Ya” (“el sol de las Mujeres” o “Sorgo hembra”, mucho mayor que Digitaria, pero cuatro veces más liviana, que recorrería su órbita alrededor de Sigu tolo (Sirio A) también en cincuenta años, pero a una distancia mayor. Alrededor de Emme Ya ubican un satélite que le sirve de guía, al que denominan “Nyân tolo”, “la estrella de las Mujeres”. La astronomía moderna no descubrió que Sirio es un sistema triple sino hasta 1995. Otro miembro adicional del sistema es la llamada “estrella del zapatero”, muy alejada de las otras tres y que se desplaza en dirección contraria alrededor de Sigui.

Los Dogon representan el sistema de Sirio en una figura que denominan “el huevo del mundo”, un preciso diagrama orbital en el que Sirio A ocupa uno de los focos de la elipse.

Cada 50 años los Dogon celebran una ceremonia de renovación del mundo, llamada “Sigui”, asociada a la invisible Sirio B o Po tolo. En esta ceremonia se emplean unas elaboradas máscaras con forma de cabeza de pájaro, llamadas “kanaga”, confeccionadas especialmente para esa ocasión, que posteriormente son cuidadosamente guardadas en refugios protegidos. Las máscaras conservadas son una prueba física de que las ceremonias “Sigui” y los asombrosos conocimientos de los Dogon acerca del sistema estelar de Sirio se remontan al menos a 700 años, hasta el año 1300 d.C.

La leyenda Dogon afirma que la fuente primigenia de este insólito saber astronómico fueron los “Nummos”, seres que llgaron a la Tierra procedentes del satélite de Emme Ya, aproximadamente hacia el año 3000 a.C. Significativamente, el término “nummo” en la lengua Dogon se relaciona con el agua; también suelen referirse a ellos como “Maestros del Agua” e “Instructores”. Los describen como seres anfibios, con más forma de pez que de hombres; localizan su recalada en algún punto ubicado al nordeste del territorio en el que actualmente se asientan.

Esto establece inquietantes paralelismos con la leyenda sumeria de los Oannes, recogida por el historiador babilónico Beroso. Según el mito sumerio, los Oannes “tenían forma de pez mezclada con la de hombre”, y surgieron del Mar Rojo. 

 Si bien el “saber oculto” de los Dogon sobre Sirio y el sistema solar era conocido por los antropólogos desde finales de los años cuarenta, no fue sino hasta 1975 cuando fue objeto de una amplia divulgación y de un virtual secuestro por parte de los incondicionales de la hipótesis de los “antiguos astronautas”.

Ese año vieron la luz, de forma independiente, dos hipótesis que conectaban los conocimientos astronómicos de los Dogon con presuntos viajeros espaciales que habrían visitado la Tierra en un pasado remoto.

Los padres de las mismas fueron el arquitecto francés Eric Guerrier y el orientalista norteamericano (asentado en Inglaterra) Robert K. G. Temple (quien es definido en una entrevista reciente como “a highly respected classical scholar and Fellow of the Royal Astronomical Society”. Guerrier dejó registradas sus elucubraciones en un libro titulado Essai sur la cosmogonie des Dogon: L’arche du Nommo (París, 1975), en tanto que el mucho más afortunado Robert Temple proclamó las suyas en The Sirius Mystery (Londres, 1975). Pero mientras Eric Guerrier está hoy virtualmente olvidado (las mil y una páginas de Internet sobre el misterio de Sirio lo ignoran de forma casi unánime), no ha ocurrido otro tanto con Temple, quien en 1998 publicó una nueva versión de su obra, revisada y ampliada, actualizada con nada menos que “140 páginas de nueva evidencia científica que le da solidez a una hipótesis que la KGB, la CIA y la NASA intentaron suprimir” (!!!).

En líneas generales, Guerrier y Temple coinciden en postular que el saber secreto de los Dogon procede de una tradición oculta milenaria, rastreable en última instancia hasta las antiguas civilizaciones de Egipto y Sumer. Los sumerios, en particular, habrían sido los beneficiarios originales de ese conocimiento misterioso, recibido directamente de seres extraterrestres procedentes de un planeta del sistema estelar de Sirio. Esto quedaría demostrado por el mito sumerio de Oannes, que se refiere a unos seres anfibios, con rasgos mezclados de pez y hombre (¿o quizás humanoides dentro de una traje espacial?), que surgieron del mar para actuar como héroes civilizadores. Sin embargo, es de hacer notar que la idea de que pudiera haber alguna relación entre el mito de Oannes y seres provenientes del espacio exterior no es en modo alguno original de nuestros dos autores, pues ya había sido enunciada en 1966 nada menos que por Carl Sagan y Iosif S. Shklovskiy, en su libro Intelligent Life in the Universe. Por otra parte, también debe tomarse en cuenta un hecho que suele olvidarse con excesiva frecuencia: conocemos la leyenda de Oannes no a partir de fuentes sumerias, sino a través del historiador y sacerdote caldeo Beroso, quien vivió en una época tan tardía como el siglo III a.C. (su historia de Babilonia está dedicada al rey helenístico Antioco I Soter). Además, la mayor parte de su obra se ha perdido, y sólo nos han llegado fragmentos preservados por historiadores y escritores griegos como Alejandro Polyhistor, Abideno y Apolodoro.

No existe igual unanimidad entre Guerrier y Temple respecto a la vía por la cual las informaciones impartidas por los Oannes a los sumerios habrían llegado hasta los Dogon. Eric Guerrier, el menos original de los dos, las hace pasar de los sumerios a los babilonios. En Babilonia, la información sería conocida por una de las Diez Tribus Perdidas de Israel, que al final del exilio en lugar de regresar a Palestina optó por realizar un incómodo viaje de varios miles de kilómetros hasta el África Occidental. Idea que en perspectiva resulta muy poco innovadora, pues a las famosas Tribus Perdidas se les ha hecho colonizar desde la América Precolombina hasta la Francia merovingia, por no hablar de Inglaterra, de modo que no tiene nada de extraordinario que alguna haya ido a parar a las riberas del Níger.

Robert Temple, por su parte, resulta bastante más creativo. De Sumer el conocimiento secreto habría pasado a Egipto, en donde fue asimilado por los griegos de Lemnos, descendientes de los Argonautas. Posteriormente, estos griegos emigrarían a Libia, y al penetrar hacia el oeste se transformaron en los famosos Garamantes. Siglos más tarde se dirigirían hacia el sur, hacia las riberas del Níger, donde acabarían mezclándose con la población local de raza negra. Para Temple, los Dogon vendrían a ser, “cultural y quizás físicamente, descendientes de los griegos de Lemnos”. Estos Dogon helénicos habrían preservado por siglos las sagradas tradiciones llevadas desde el Egipto predinástico a Grecia por los “Danaos”. Quizás no sea ocioso recordar aquí que dentro de la bibliografía de este ilustre polígrafo, (que es “fellow of the Royal Astronomical Society, the Society for the Promotion of Hellenic Studies, the Egyptian Exploration Society, the Royal Historical Society, the Institute of Classical Studies, and the Institute of Historical Research” también se incluye una edición, realizada junto con su esposa, de las fábulas completas de Esopo.

En cualquier caso, la leyenda moderna acerca del “misterio de Sirio” le debe mucho a Temple, y muy poco, o nada, a Guerrier, al punto que el primero puede ser considerado virtualmente como la fuente principal o única de la gran mayoría de las historias que circulan al respecto. A esto sin duda ha contribuido decisivamente su aura de erudición, de investigador serio, que lo distancia, por ejemplo, de un von Daeniken, y también la polémica alrededor de su libro, en la que jugaron un papel importante Carl Sagan, y Ian Ridpath, entre otros.

Si Robert Temple es el manantial en que abrevan los seguidores del “misterio de Sirio”, quizás no sea inútil echarle un vistazo a sus fuentes originales, que, no sorprendentemente, son las mismas de Guerrier. Afortunadamente, esas fuentes no son especialmente numerosas, ya que sus datos básicos están tomados del trabajo de un equipo de antropólogos franceses que estudiaron a los Dogon entre los años treinta y cincuenta. Su líder era Marcel Griaule, y su principal colaboradora Germaine Dieterlen. Es de hacer notar que del considerable número de páginas que estos estudiosos dedicaron a la cultura Dogon, sólo consagraron un único artículo al supuesto “misterio de Sirio”, complementado con un libro acerca de los conocimientos astronómicos de los Dogon que Dieterlen publicaría varios años después del fallecimiento de Griaule.

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